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jueves, 1 de enero de 2015

... y al final, Tania ganó

Muchos, yo entre ellos, criticamos el llamado de Tania Bruguera a la Plaza de la Revolución este pasado 30 de diciembre con su performance #YoTambienExijo, muchos otros lo secundaron. No me gustó porque creo que después de las noticias del 17 de diciembre, Cuba y EUA están explorando aún sus posiciones y desde ambas orillas están midiendo cada milímetro que se avanza o retrocede, cada sílaba que se dice, aunque la mayoría tengamos muchas esperanzas, hay que tener los pies en la tierra y darse cuenta que esto es sólo el comienzo de algo que puede estar por venir. Algo que va a definir el futuro inmediato de la nación y la vida de millones de cubanos. Yo no digo que hay que quedarse de brazos cruzados, todos debemos aportar a que este proceso que recién comienza se traduzca en beneficio para las próximas generaciones de cubanos. Pero meterse en el problema no quiere decir sabotearlo, y cada paso que se de, hay que hacerlo con responsabilidad y medir sus consecuencias. 

La convocatoria de Tania no tenía nada de artística y si mucho de política. Considero que fue una irresponsabilidad caldear los ánimos justo en estos momentos: es darle razones a los conservadores y retrógrados de ambos lados del conflicto. Los de la extrema izquierda en la isla ya tienen nuevos argumentos de como al enemigo no se le puede dar 'ni un tantico así', Raúl comenzó a aflojar el 17 y ya el 30 querían tomarle la Plaza. Los de Miami ya tienen las contundentes pruebas de la falta de democracia y libertad de expresión en la isla. Una oleada de detenciones, y hasta secuestros se puede decir, removieron La Habana desde la madrugada del mismo día 30. 

Tania, y el resto de los organizadores, no querían realmente hablar en la Plaza. Cualquier que sepa como funciona Cuba, sabría que las autoridades no darían el permiso para la actividad ni tampoco dejaría que una manifestación tomará el escenario histórico de los discursos revolucionarios. Si la plataforma #YoTambienExijo realmente hubiese querido lograr algo, se hubiese dado cita en otro lugar y con más público. La Plaza de la Revolución, además del símbolo político que representa, es un espacio poco frecuentado por transeúntes y en disímiles ocasiones cerrado al público por los actos que allí se realizan. No hay que ser muy inteligente para saber que las fuerzas del orden tienen sobrada experiencia en como impedir el acceso al lugar, y al no ser frecuentada masivamente, es relativamente fácil controlar quien puede circular por allí. Con ganas de haber hecho la actividad, se hubiesen puesto de acuerdo entre un grupo de la plataforma, sin hacerlo público de antemano y hubiesen salido con megáfonos en el Parque Central, o en Coppelia, o en cualquier centro concurrido de la capital donde seguramente hubiesen tenido más impacto y espectadores.

Los protagonistas de esta historia no actúan clandestinamente. Los días antes de su acción duermen en sus casas, en las direcciones que saben que están controladas por la Seguridad del Estado. Seguro que el día 30 desayunaron bien fuerte porque sabían que en pocas horas serían detenidos. No se preocuparon por pernoctar en otro lugar, de esconderse, de pasar desapercibidos, al menos hacerle un poco más difícil el trabajo a los oficiales que irían a por ellos.

En internet hubo mucho revuelo y expectativa sobre que pasaría. Los cubanos de todo el mundo con acceso a la red seguimos de cerca el hashtag en las redes sociales. Desde el exterior de Cuba llovían los mensajes, desde el interior unos pocos trataban de contener el aluvión. Pero el pueblo, el resto de los cubanos, estaban ajenos al performance, no tienen idea de quien es Tania Bruguera, y la única preocupación era resolver la carne y la yuca para el fin de año. Con los cubanos de adentro que conversé, no sabían nada de la convocatoria. La prueba irrefutable es que la seguridad pudo haber detenido a decenas de disidentes y organizadores de la actividad, pero ... y ese mar de pueblo convocado? por qué no llegó a la Plaza?

Aunque no le veo el arte por ningún lado a lo que hace la artista Tania Bruguera, creo que #YoTambienExijo ha sido su obra cumbre. Evidentemente Bruguera sabía que no habría micrófono, ni mar de pueblo desbocado en la Plaza, ni permiso para la actividad, ni policías garantizando el orden de su actividad. Ella sabía como provocar al sistema y así lo hizo. Su meta no era exigir nada a Raúl, su objetivo era ridiculizar y dejar en evidencia la enorme censura y faltas de libertades que tenemos en Cuba. Quizás (no conozco a esta cubana)  podamos sumar también dosis de egocentrismo y búsqueda de popularidad, pues será muy conocida en su circuito de expos y el mundillo de la farándula artística, pero desde este diciembre su nombre trasciende el espacio del arte para estar en boca de miles de cubanos y en centenares de titulares alrededor del mundo. Ella sabía que no tendría oportunidad de llegar a la Plaza de la Revolución, sabía que podría ser retenida, sabía también que aunque la retuvieran horas, quizás días, nada le pasaría: en Cuba hay censura, pero no hay desaparecidos.

Al final todos siguieron, seguimos, el guión que Tania nos preparó. Los espectadores opinamos, nos devoramos, justificamos, criticamos, defendimos y atacamos. La seguridad sin dudas desempeñó con creces su rol protagónico: se detuvo a Tania y al resto de sus colaboradores, no dieron información de ellos por más de 24 horas y lograron crear ese ambiente de misterio, malestar, impotencia en los que seguíamos minuto a minuto cada mensaje en Twitter o Facebook, tal como la artista pretende con sus obras. Tania Burguera no se puede quejar, realizó su obra más grande, un perfomance que movió a miles por el mundo. Involucró al sistema, a la Seguridad del Estado, a los cuadros de Cultura, a la prensa internacional; repartió su guión en silencio y todos los seguimos al pie de la letra. Tania actuó y ganó.